El Castillo del Loro

Un castillo rodeado de leyendas, en medio de ninguna parte, parecía el escenario perfecto para pasar el puente de todos los Santos o de Halloween.
El Castillo del Loro, en la región de Sud Yungas, está a unos 70 km de la ciudad de La Paz de camino a Chulumani. El recinto es un Parque Ecológico desde el cual parten senderos, hay ríos, cascadas y un clima veraniego.
El camino hacia los Yungas es espectacular. Primero hay una subida hacia la Cumbre a 4685 m, y mientras se desciende el clima y el paisaje se vuelve tropical.
La carretera está asfaltada hasta una bifurcación donde desvía a Sud-Yungas y comienza la tierra. Es una de las carreteras más complicadas del país, por sus continuos derrumbamientos que la hacen casi intransitable en época de lluvias.
A penas hay espacio para dos coches y pasan autobuses y todo tipo de vehículos que se paran a darse paso en las curvas mientras observan el acantilado.
Entre sueño y sueño, y al ritmo de Muse en el mp3 a veces tenía la sensación de que la rueda trasera del autobús caía al vacío, y al abrir los ojos no veía carretera si no abismo.
Finamente no me desperté en el infierno, sino a las puertas del castillo donde este fin de semana se celebraba el Samhaim, un festival de música y para que no fuera tan soso, cultura y arte.
Se ofertaban talleres, concursos (foto y disfraces)…y ciertas actividades “alternativas”, lo que hizo más atractivo el plan.
El entorno…tremendo, el castillo…como sacado de un cuento..nuestros deseos de hacer planes más a lo “boliviano”…deshechos al vernos rodeados de israelitas, franceses y gringos (pase porque el espectáculo no estaba nada mal).
Pero la sorpresa fue el vernos atrapadas en una fiesta Trance con música rayante sin pausa y a tope hasta las 12 de la mañana (a pesar de la pista estaba vacía a partir de las 4). Tuvo tanto éxito que en la zona de camping se montó una fiesta alternativa a ritmo de guitarra…
El día siguiente transcurrió tranquilo, sin los talleres programados ni las rutas, pero tranquilo. Al final nos fuimos a dar un baño al río, y temiendo una noche como la anterior, regresamos a la Paz.
Lo mejor, las risas nocturnas y el haber conocido finalmente a bolivianos. Lo peor, las colas para la comida, que no nos dieran nuestro premio al mejor disfraz, y un largo etc de falsas promesas..